martes, 19 de diciembre de 2017

La bicicleta



La bicicleta
José Pedro Sergio Valdés Barón
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Los días se le hicieron eternos desde que su hermana María le reveló haber escuchado a sus padres decir lo que le regalarían esa Navidad. Su familia acostumbraba festejar el nacimiento del niño Jesús rezando frente a un hermoso pesebre, e intercambiaban regalos al terminar la cena Navideña. Sus papás no les inculcaron la fantasía anglosajona de la visita de Santa Claus trayéndoles presentes a los niños durante la Nochebuena, ni la de los Reyes Magos la noche del cinco de enero. Aunque Stefan tenía solo diez años, respetaba las tradiciones de Santa y los Reyes Magos creídas con ilusión por la mayoría de sus amiguitos de la escuela, y a diferencia de los niños que ya habían descubierto la verdad él no se burlaba de ellos, y si le preguntaban qué les había pedido, solo sonreía al responderles que él siempre esperaba una sorpresa. Y era cierto, sus papás nunca les anticipaban el obsequio que recibirían él y su hermana María, los cuales previamente eran colocados junto al pesebre y el árbol Navideño, así como ellos tampoco les decían a sus padres cuál sería su regalo en Nochebuena.
            Durante meses, por no decir años, Stefan estuvo insinuando su deseo de que le regalaran una bicicleta, pero como la situación económica familiar no era boyante, sus padres se hacían los disimulados. Así las cosas, a Stefan solo le quedaba envidiar a sus amigos cuando paseaban en sus bicis, o conformarse con ir parado en los diablitos de la bicicleta de su mejor amigo, mientras vagaban por las calles de la colonia con toda la palomilla. Ahora estaba impaciente porque los días faltantes para el veinticuatro de diciembre parecían no transcurrir, y su corazón palpitaba apresurado al pensar que, según lo dicho por su hermana, esa Navidad al fin le regalarían la tan ansiada bicicleta. A veces también le saltaban las dudas y temía que su hermana le hubiera jugado una broma pesada de las muchas que con frecuencia le hacía.
            Como esa Nochebuena la celebrarían en la casa del tío Ramón, comenzó a visitar más seguido a sus primos Pablo y Hugo, quienes eran un poco mayores, con la esperanza de descubrir si ahí habían escondido el tan esperado obsequio, pues en esa casa, por ser mucho más grande que la suya, podrían esconder la bici con mayor facilidad, pero las visitas se acumularon sin lograr descubrir nada. Solo le quedaba la poco confiable confidencia de María y se aferraba a ella esperando se convirtiera en realidad. María, compadeciendo a su hermano al verlo tan angustiado, le juraba y perjuraba que era verdad lo que escuchó decir a sus padres, y le aconsejaba tener paciencia porque ya estaba muy cerca la Nochebuena.   
            Ese día despertó más temprano que de costumbre, no podía evitar su nerviosismo. En el desayuno casi no comió nada, se mantuvo observando a sus progenitores en busca de una señal que les delatara en dónde escondían su regalo; pero nada, actuaban con la normalidad acostumbrada, si acaso de vez en cuando hacían alguna alusión a la fiesta de esa noche a celebrarse en casa del tío Ramón, y solo en una ocasión mencionaron la necesidad de llevar sus presentes en la camioneta. Esa pequeña pista le provocó un vuelco en su corazón, porque no podrían ocultar la bicicleta en la camioneta sin que él se diera cuenta, por lo tanto concluyó que lo más probable era que su obsequio navideño no sería el ansiado por él, lo cual confirmó la caja envuelta con un moño navideño aparecida junto al pesebre con su nombre escrito en una tarjeta. Desilusionado se subió a su cuarto a rumiar su pena, se consolaba pensando que si no era en esa fecha tal vez fuera posible se la regalaran en su cumpleaños no muy lejano.
            Estuvo a punto de llorar al mirar, por la ventana de su habitación, a sus amigos  dirigiéndose al parque cercano en sus bicis, y solo obedeció a su madre para bajar a comer, porque sin desearlo el hambre atormentaba su estómago; tenía veinticuatro horas casi sin probar alimento, apenas ingirió bocado durante la cena y muy poco desayunó por la mañana. Intentó imaginarse el contenido de la caja con su regalo, pero nada lo consolaba, cualquier cosa parecía insuficiente para compensar lo que ya temía no recibir. Así llegó la hora en subir los presentes a la camioneta y trasladarse a la casa del tío Ramón. Por el camino debió aparentar la alegría que no sentía mientras cantaba villancicos con su familia, y en el hogar del tío Ramón casi sin darse cuenta se fue integrando a la felicidad reinante entre familiares y amigos, quienes le hicieron olvidar por un momento su frustración. Por fin, al terminar una cena deliciosa y rezar frente al nacimiento, todo mundo se reunió alrededor del enorme árbol navideño luciendo esplendoroso con los adornos y lleno de regalos para todos los presentes. Su madre le entregó la caja con su obsequio abrazándolo y al mismo tiempo deseándole una feliz Navidad. Sin mucho entusiasmo, Stefan abrió el regalo sorprendiéndose al ver solo un sobre con su nombre, dentro del cual había una nota que al leerla despertó una sospecha y aceleró su respiración. Escrito a mano reconoció la letra de su madre que decía: En el porche te espera una sorpresa.
            Sin ocultar la emoción que le embargaba corrió hacía el porche en medio de las miradas y rostros sonrientes de la familia y amistades. No se desilusionó, recargada en la entrada al porche estaba la bicicleta roja más hermosa del mundo adornada con un moño blanco: una MTB LiderBike Sport con 18 velocidades y una parrilla trasera. Fue tal su felicidad que se soltó llorando de alegría, hasta cuando sus padres, hermana y su tío lograron calmarlo, después de prometerle retornar a su casa pedaleando su bici detrás de la camioneta con su familia.
            A partir de esa noche la LiderBike, a la cual nombró Sirin, se convirtió en parte de Stefan, solo se separaba de su bicicleta durante las clases en la escuela y en la misa dominical, aunque a la escuela se iba y regresaba en ella y a la iglesia seguía a su familia quienes viajaban en la camioneta. Por las tardes al terminar su tarea salía a disfrutar su bici acompañado de sus amigos, y en su casa la guardaba en su habitación durmiendo cerca de ella. Siete eran los integrantes de la palomilla que se juntaban con mayor frecuencia para vagar en sus bicis por su colonia y los alrededores; sin embargo, el lugar donde más les gustaba ir era a la pagoda china. No les quedaba muy cerca de sus casas, pero el parque con sinuosos caminos y estanques con puentes curvos alrededor de un edificio con cuatro pisos y arquitectura china era para ellos pura diversión. Ahí se podían pasar horas jugando al que hace la mano hace la atrás, compitiendo en carreras entre ellos o haciendo peligrosas piruetas con las bicis. La palomilla de Stefan, quienes se autonombraron los Halcones, no era la única en disfrutar la pagoda china, y sus principales oponentes eran los de la pandilla de los Rebeldes. Su líder a quien le decían el Piter, un niño unos dos años mayor que Stefan, era sin duda el más diestro con la bici de todos los niños y adolescentes que frecuentaban el parque de la pagoda china. Con su bicicleta negra Benotto XC-6000 era el más veloz, y sus acrobacias asombraban hasta los adultos haciéndose famosas entre los ciclistas de todas las edades. Por alguna razón desconocida, el Piter se sintió amenazado por Stefan y lo hizo objeto de su agresividad. Primero hubo enfrentamientos competitivos entre los Rebeldes y los Halcones, más tarde derivaron en pequeñas escaramuzas apenas controladas, y finalmente terminaron en una descarada agresión contra Stefan. Una tarde soleada, coincidieron a propósito los Rebeldes con los Halcones desplazándose a gran velocidad por los intricados caminos del parque. En determinado momento el Piter y Stefan quedaron emparejados al frente de las palomillas de ciclistas, y sin ceder ninguno de los dos volaron por los estrechos caminos de la pagoda china, hasta aparecer el puente dorado el más largo y angosto de todos. Sabiendo la dificultad que tendrían los dos riders gladiadores en cruzarlo a la velocidad que se desplazaban, mirándose de reojo ninguno se rindió y sin pestañear se abalanzaron sobre la entrada del paso. A escasos metros antes de llegar al puente, el Piter sorprendió a todos pateando la bici de Stefan, quien salió volando estrellándose estrepitosamente con un poste de la entrada al puente. Los riders que venían detrás apenas pudieron detenerse, aunque algunos no evitaron caerse y otros, de la pandilla de los Rebeldes, continuaron siguiendo a su líder perdiéndose entre las calles circunvecinas a la pagoda china.
            Alarmados los Halcones se acercaron a Stefan, quien sin moverse yacía inconsciente a un lado del estanque que cruzaba el puente dorado. Luis, el mejor amigo de Stefan, fue quien primero se acercó al rider caído; sin saber qué hacer, solo acertó contemplarlo hasta que su amigo abrió con lentitud los ojos con la mirada perdida. Sin duda se había golpeado la cabeza y era evidente una pierna fracturada; sin embargo, fuera de eso, la mejor señal que se encontraba bien fue al preguntar de inmediato por el estado de su bici Sirin. Ninguno de sus amigos se atrevió a informarle que tenía la llanta delantera destrozada y la tijera y manubrio doblados, únicamente lo tranquilizaron diciéndole que no estaba muy dañada.
            Su familia y amigos esperaban preocupados, en la sala de espera de la Cruz Roja, a que saliera algún médico a informarles sobre el estado de Stefan. Alguien llamó a la ambulancia que lo trasladó a emergencias del benemérito nosocomio. Todo mundo se tranquilizó al ver a un médico sonriendo dirigirse a ellos esperando impacientes. Sin dejar de sonreír, el galeno les informó que el accidentado estaba bien y no había nada porque preocuparse, posiblemente gracias al casco no se dañó la cabeza y la tomografía cerebral salió negativa, solo debieron enyesar la pierna fracturada que obligaría al lesionado a permanecer unos tres meses incapacitado.
            Durante casi todo el tiempo en el cual Stefan permaneció convaleciente, se dedicó a arreglar su adorada Sirin y al final se le ocurrió pintar su nombre a los lados del cuadro de la bici. El nombre Sirin lo leyó en alguna parte, y era el de un ser mitológico de las leyendas rusas con la cabeza de una mujer hermosa y el cuerpo de ave simbolizando la armonía del mundo, la felicidad y la valentía.
             A pesar que todos los padres les habían prohibido volver a la pagoda china, al sentirse Stefan listo los Halcones se atrevieron ir a escondidas. No supieron nada del Piter y los Rebeldes desde el día de la agresión, pero decidieron que ya era tiempo para enfrentarlos y cobrar la afrenta pendiente con ellos. Sin embargo, ese día no se encontraron con ninguno de la pandilla de los Rebeldes, fue hasta la tercera ocasión que los fueron a buscar cuando se toparon cara a cara. Al preguntar por el Piter, quien no se veía por ningún lado, se enteraron que el joven había sufrido un accidente dejándolo parapléjico. Al tercer día después del incidente con Stefan en el puente, Piter fue atropellado por un auto al transitar la pandilla velozmente por las calles de su colonia. La noticia paralizó a los Halcones, y fue Stefan quién preguntó primero cómo se encontraba. Todos se impresionaron al saber que aquel joven que hacía maravillas en su bicicleta, ahora permanecía confinado a una silla de ruedas por el resto de sus días. La tensión entre las dos palomillas se convirtió en un sentimiento empático que se difundió en todos los riders, y esa tarde juntos pedalearon sus bicis por toda la pagoda china.
            A ciencia cierta no sabían la razón, pero los Halcones, encabezados por Stefan, sintieron la necesidad de visitar a su enemigo en desgracia, pero con quien compartían la misma pasión, y una tarde guiados por los Rebeldes se presentaron en la casa del Piter. Stefan sintió que se le humedecieron los ojos al contemplar al joven, antes tan lleno de vida, entristecido ahora por la tragedia sentado en una silla de ruedas. Al principio, Piter creyó que los Halcones iban a burlarse, pero al ver la cara de Stefan supo que tendría un amigo, y es en esos momentos cuando se reconocen a los verdaderos.
            Con sus consejos, Piter le enseñó a Stefan todos los trucos de su repertorio de acrobacias en la bici, y el alumno no tardó mucho tiempo para convertirse en un experto, quien incluso muchos pensaban que superaba al maestro. Sintiéndose seguro de su capacidad en la bici y azuzado por su asesor Piter, Stefan comenzó a competir en carreras a campo traviesa. Más pronto de lo esperado el novato se dio a conocer y su primer triunfo en competición fue en la ruta de montaña en el cerro El Aserrín en el estado de Querétaro, y se consagró en el ciclismo acrobático en el Clandestino Internacional Jam III en la ciudad de Oaxaca.
            Ahora, Piter hizo consciente la razón por la cual agredió a su antiguo enemigo, temía que tal vez él era el único quien lo podría superar, algo que ya nunca comprobarían. Lo que si era real, era el sentirse orgulloso por los logros de su discípulo que le devolvieron el brillo a sus ojos; no obstante, su salud se deterioraba rápidamente y unos pocos meses después El Piter abandonó este mundo con una sonrisa, acompañado de todos los riders que compartieron su pasión ciclista.
            Para Stefan fue una gran pérdida, en ese momento creyó que nunca algo la superaría, sin embargo no pasó mucho tiempo en comprobar lo equivocado que estaba. Ese domingo aciago, Stefan fue a misa siguiendo a sus padres y hermana quienes viajaban en la camioneta, y como siempre lo hacía dejó su Sirin en el aparca bicis frente la iglesia. Al terminar la misa se despidió de su familia para ir al club de ciclismo acrobático, pero al llegar al aparca bicis no vio su bicicleta. No daba crédito a sus ojos y tardó un momento en entender que alguien se la había llevado. Sintiendo un vacío en su vientre comenzó a buscarla por los alrededores preguntando a todas las personas que se encontraba si la habían visto. En un principio se consolaba pensando que era una broma de algún conocido, pero conforme transcurría el tiempo debió aceptar la posibilidad que se la hubieran robado, después de todo la  MTB LiderBike Sport era muy llamativa y valiosa.
            Cuando anochecía llegó a su casa en una patrulla. La policía se compadeció del joven después de solicitar su ayuda para buscar su amada bici, y dos uniformados se ofrecieron llevarlo a casa, una vez que le prometieron hacer todo lo posible por encontrarla. Como Stefan tenía cierta fama en la localidad por sus éxitos en ciclismo, familiares, amigos y vecinos junto con autoridades removieron cielo y tierra en busca de Sirin. A pesar de ello todo fue inútil, pareció como si se hubiera esfumado de la faz del planeta. Después de unos días todo mundo se dio por vencido y dejaron de buscar la bicicleta, solo su hermana y su mejor amigo Luis le siguieron ayudando en lo que podían. Sus padres intentaron consolarlo prometiéndole comprarle otra bici, pero Stefan siguió deshecho buscando su Sirin durante meses. Por fin, un día despertó aceptando su desgracia, y dando vuelta a su vida comenzó a trabajar en el negocio del padre, quien se dedicaba a la remodelación de viviendas.
            El negocio familiar no era muy productivo, sin embargo con la ayuda de Stefan comenzó a crecer y con el paso de los años permitió a la economía familiar prosperar y a la familia vivir en muchas mejores condiciones. Stefan se casó con Isabela su novia de la primaria y tuvo con ella tres hijas y un varón llamado Mauricio, y aunque no estudió una carrera como lo hizo su hermana María, al morir su padre, quien no pudo soportar ni un año la muerte de su amada esposa y madre de sus hijos, Stefan se encargó del negocio y se convirtió en la cabeza de la familia Sacchini. Los años se fueron acumulando sin que Stefan olvidara su Sirin, y a pesar de sus esfuerzos para que su familia no se percatara que inconscientemente continuaba buscándola, todos se daban cuenta cuando la mirada de Stefan se perdía al ver una bici de montaña. Aunque a su hijo Mauricio y a sus hijas les regaló excelentes bicicletas y todos se sentían orgullosos de las hazañas de su padre, en ninguno creció la pasión por el ciclismo; las usaron y se divirtieron con ellas, pero pasado un tiempo las fueron abandonando en la cochera.  
            Es natural que la vida transcurra sin sentirlo, y a poco más de un mes antes de la Navidad previa al sesenta y cinco aniversario de Stefan, su hijo Mauricio llegó con una curiosa noticia: la hija de un antiguo vecino, quien vivió hasta su muerte en la casona frente a la casa anterior de la familia Sacchini, deseaba contratarlos para remodelarla. Stefan conoció bien al vecino de nombre Anastasio, con quien sin importar vivir uno frente al otro nunca congenió. A pesar ser de la misma edad, Anastasio era retraído y a Stefan le parecía que le era antipático y lo envidiaba sin saber con certeza el motivo. Es ineludible que la vida de muchas vueltas y hay veces son tan extrañas que nos dejan perplejos. Así sucedió en esa ocasión. Dos semanas antes de Navidad, Mauricio se presentó en la casona para hacer un presupuesto y dárselo a la hija del antiguo vecino Anastasio, ella deseaba remodelarla con la intención de venderla. La casa hacía tiempo la habían abandonado y solo quedaban los restos de algunos muebles, pero la cochera estaba repleta de tiliches inservibles la mayoría. Al quitar un asador y ver el estado del muro del fondo, Mauricio se quedó congelado. Nunca supo explicar cómo reconoció la MTB LiderBike Sport roja de su padre, pero al levantarla pudo corroborarlo al distinguir, aún con el polvo adherido, el nombre Sirin pintado a los lados del cuadro. Entonces cayó en cuenta de lo irónico que a veces es la vida, Sirin estuvo muchos años a unos cuantos pasos de su dueño.     
            Stefan iba sentado a un lado de su hijo Mauricio, se dirigían con toda la familia a la casa del Tío Ramón, la cual no obstante haber dejado este mundo su dueño todas las familias Sacchini radicadas en México la seguía llamando la casa del Tío Ramón. Los Sacchini acostumbraban turnar cada año el festejo Navideño y en esa ocasión le tocó a Pablo, quien al morir también su hermano Hugo se convirtió junto con su madre la Tía Lucina en el único heredero de la fortuna del Tío Ramón.  
            Siempre que veía la fachada de la residencia del Tío Ramón, Stefan sentía en la boca del estómago una sensación de amarga nostalgia, por lo cual no le agradaba ir a ese lugar. Además a su edad y con la artritis le costaba esfuerzo caminar aun ayudándose con un bastón, y no tardaba mucho para quedarse dormido en las reuniones familiares a las cuales se veía obligado acudir. Esa Nochebuena logró mantenerse despierto hasta la cena que estuvo excelente, aunque él solo probó algunos bocados, y no muy entusiasmado estuvo presente en la entrega de regalos junto al árbol Navideño. Su esposa Isabela, quien no obstante su edad se mantenía bella y llena de vida, le entregó su obsequio al mismo tiempo que le daba un beso deseándole feliz navidad.
            Sin dejar de sonreír Stefan abrió el regalo, y como sucedió hacía muchos años se volvió a sorprender al ver solo un sobre con su nombre, dentro del cual había una nota que al leerla se repitió la sospecha y volvió acelerar su respiración. Escrito a mano ahora reconoció la letra de su esposa que decía: En el porche te espera una sorpresa.
            Como pudo caminó acelerado arrastrando su bastón y apoyándose en su hijo Mauricio en medio de toda la familia Sacchini y amigos, quienes intentaban reprimir la emoción que les embargaba. En la entrada al porche estaba recargada una MTB LiderBike Sport con 18 velocidades y una parrilla trasera. De inmediato Stefan reconoció su adorada Sirin roja, y sin comprender lo sucedido las lágrimas volvieron a surcar por sus mejillas.

Fin


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